Atención, el gran director de orquesta de la conexión

Gustavo G. Diez
18 mayo 2023

La ecuación de mindfulness = Atender voluntariamente + Aceptación (apertura a la experiencia).

El verbo "atender" se originó antes de saber que teníamos "funciones cognitivas" o cerebrales. Parece ser que el prefijo "a" sugiere dirección, "hacia", y "tender" (tendere en latín) significa "estirar" o "tensar". Si estoy atento a tus palabras, no estaré atento a la pantalla del móvil, o el sonido de la carretera. "Voy" hacia tus palabras. Idea que expresa bien la experiencia de estar atento, pero no refleja su "alcance" cerebral. Pues la "atención cerebral" es como un director de orquesta. Cuando estoy atento a tus palabras, mis mecanismos atencionales activan las regiones necesarias para que entienda tus palabras, me emocione con el tono de tu voz o vibre con la semántica, pero desactiva redes neuronales que me harían percibir el sonido del tráfico o la motivación de hacer la lista de la compra.

La atención (insisto) es como un gran director de orquesta de las redes neuronales: ayuda a los músicos a encontrar un ritmo y tono que sean sinérgicos con el conjunto. Lo que ocurre es que, normalmente, la atención no es voluntaria. Es automática.

Atención voluntaria: experimento

Te invito a realizar un experimento. Observar el cambio del "foco" atencional de las personas que encuentres caminando por la calle, esperando en una parada o en la cola del supermercado. Su atención es un barco arrastrado por corrientes invisibles: ahora un pensamiento neutro, unos instantes después algo que resulta angustiante. Levanta la cabeza, un sonido que aparece por encima de todos los demás. Después una crítica, pues el señor que pasó a su lado hablaba demasiado alto.

Sin embargo, una de las propuestas de mindfulness (de muchos conocida) es algo diferente. Observar el cuerpo voluntariamente durante 40 minutos (el tiempo que dura un capítulo de una serie de Nexflix), pero fijándonos en los detalles. Aumentar la granularidad de la experiencia. Es decir, no solo fijarnos en las percepciones del cuerpo, sino también en el movimiento de los pensamientos y las emociones. Una función que podríamos llamar atención voluntaria o atención consciente.

En las prácticas de mindfulness intentamos prestar atención voluntaria y con apertura o aceptación. Es difícil hablar de aceptación. Quizás porque todavía no tenemos muy claro de qué estamos hablando, o porque, en el mejor de los casos, no hemos hecho el ejercicio (narrativo) para poder captar con palabras el fenómeno. Hay un
artículo en el blog de Nirakara Lab que tal vez te incite a reflexionar sobre esto. 

Conexión = salud mental

Hablamos de conexión, de escucha o de acompañar un llanto. ¿Qué pasa cuando conectas con tus aflicciones, tus motivaciones o tu propósito, después de un tiempo de ir a la deriva? ¿Qué ocurre en una conversación que deja de ser automática y en una mirada espontánea, precedida quizás por un silencio, dos personas se encuentran la mirada y, en ella, el reconocimiento mutuo?

La conexión es fundamental para la salud mental del ser humano. La conexión con el entorno, la conexión con los demás y la conexión con uno mismo. Quizás, cuando hablamos de apertura a la experiencia, nos referimos a eso: a conectar.

Hay un experimento que representa perfectamente lo que quiero decir. Lo llamamos "Still Face Experiment" -experimento de la cara fija- que se ha replicado en varios laboratorios del mundo. Se comprueba cómo los bebés reaccionan llorando a la expresión de neutralidad de la madre.

Después de un tiempo de interacción afectivo entre la mamá y el bebé, se pide que la madre no reaccione emocionalmente a las expresiones del niño. La madre mantiene un gesto inexpresivo en su rostro, sin perder el contacto visual. El bebé intenta por todos los medios que su madre vuelva a conectar afectivamente con él. En los videos de este experimento se puede ver cómo, en menos de un minuto, el bebé va desestructurando su expresión y su postura corporal, hasta que se ve invadido por la desesperanza.

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