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El sentido de escribir

Gustavo G. Diez
21 enero 2021

Al escribir, uno aprende. Ese es el sentido.

Se mezclan varios elementos que son esenciales para aprender, o al menos, eso me dice la experiencia. No cabe duda que que escribir requiere de una refinada atención. El proceso requiere de tal energía que no le resulta agradable a todo el mundo. Encuentro una analogía con correr. La persona que no está entrenada no puede entender por qué la gente pierde el tiempo en torturarse de esa manera insana, no es así para el deportista, que disfruta con el ritmo y la elasticidad de su cuerpo recorriendo las calles de su ciudad.  He visto a mis colegas, hacer de todo para mantener la atención cuando escriben. Algunos se ponen cintas o gorros en la cabeza, como si la presión del tejido contra el cráneo tuviera la capacidad de modular, de algún modo, sus intrusiones cognitivas. Una gran amiga escribe siempre con una pieza de Arvo Pärt en un loop infinito, y yo mismo, necesito la noche; me es casi imposible escribir con luz.

Escribir requiere también de una habilidad no suficientemente señalada: tolerancia a la ansiedad. No hablo de una ansiedad arrolladora y sobrevenida, si no de una ansiedad moderada y "sana" que forma parte de todo proceso creativo. Uno lo abandona todo por una promesa. ¿Quién no ha tenido una "gran idea" que somete a la mente durante un tiempo más o menos largo? ¿Quién no ha tenido la fantasía de poseer una gran revelación que con el tiempo se revela mediocre o sin sentido?  Pues eso, escribir se trata de escamar esas abstracciones para descubrir si tienen sustancia, o no son más que espejismos o repeticiones vacías; requiere zambullirse en las corrientes del pensamiento para intentar plasmar de forma ordenada y estética. Es común encontrarse reiteradamente con la incapacidad de describir con detalle aquello que se puede percibir con los sentidos o la razón. Una conducta tan sofisticada como escribir está moderada por corrientes de emociones y sentimientos, no me cabe duda de que un cuerpo demasiado rígido o asustadizo, podría tener serios problemas.

Escribimos para poder aprender, para someter nuestras ideas a la cruda realidad de la escritura. Seguimos el ideal de Popper, que cogería de Einstein: "el científico debe ser el mayor crítico de sus propias teorías". Solo así se puede tener un poco de libertad intelectual, dando cuenta de que las mayores angosturas científicas se fijan en la terca tendencia de defender nuestras propias teorías. La iniciativa parte de reflexionar sobre preguntas que copan gran parte de nuestra actividad social en el laboratorio.

Intentaremos que las historias que contemos merezcan ser contadas, pero sobre todo lucharemos por no repetir las cosas que ya se escuchan hasta la náusea.  Comentaremos artículos que nos han inspirado de otros grupos de investigación en el mundo, aportando nuestra opinión. Hablamos de neurociencia, medicina del estilo de vida, de la importancia del entrenamiento cognitivo y afectivo, de programas basados en mindfulness, de data science aplicado a la salud y proyectos innovadores que ponen en el centro a las personas y el medio ambiente.

Prometemos publicar solo lo que nos apasione

 

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