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Otoño 2021: ¡Que tu estilo de vida te acompañe!

Lola Salado
1 septiembre 2021

Otoño 2021, ¿preparado para afrontar la recta final? En un 2021 declaradamente distópico Nirakara Lab, junto a la Universidad Complutense de Madrid, inició el “Ciclo de Conferencias sobre Medicina del Estilo de Vida”, con el objetivo de aprender a mirar a larga distancia y saber que el estilo de vida influye en nuestro bienestar. Un dato: "más del 70% de las consultas médicas por enfermedades crónicas están causadas por estilos de vida no saludables", (revista de Psicooncología).

Con investigadores de primer nivel, entre mayo y julio pasados, vimos cómo el ejercicio físico es clave para una buena salud no solo física, sino también mental, (Joseph Firth); que el dolor se aprende y se desaprende, según nos explicó el fisioterapeuta Juan Nieto: “porque no solo está en los tejidos sino también en el cerebro”; que nuestras bacterias (nuestra microbiota) tienen las llaves del bienestar físico y emocional o de las enfermedades inflamatorias, la depresión y la ansiedad, entre otras muchas (doctora Silvia G. Senent). Y justo antes de vacaciones, con la naturalista Odile Rodríguez de la Fuente tuvimos la oportunidad de conectar la naturaleza con nuestra propia naturaleza, aunque antes tocará sanarnos como vía para “sanar la naturaleza” y contrarrestar las consecuencias del cambio climático.

Por delante, nos esperan conferencias apasionantes, con las que profundizar en cómo el estilo de vida influye en el envejecimiento (Fernando Maestú); en la atención plena y la consciencia corporal como claves para el tratamiento del estrés postraumático y los trastornos de apego (Pat Ogden); en cómo la medicina del estilo de vida obtiene grandes resultados en la salud mental (Ismael Palacios y Francisco Parada); en investigaciones que demuestran cómo las modificaciones de los genes están condicionadas por factores ambientales (Iñaki Martín Subero con epigenómica del estilo de vida); en el impacto del mindfulness en la memoria y la atención (Sara Lazar); en la calidad del sueño como clave para un estilo de vida saludable (Joaquín Durán) y en cómo el ser humano tiene una increíble capacidad de resiliencia, que nos puede ayudar a crecer ante las situaciones más adversas (Silvia Fernández).

Un viaje que comenzaremos este 15 de septiembre, a las 18.30, por videoconferencia (zoom) con periodicidad quincenal, y finalizaremos el 1 de diciembre, aunque volveremos con un nuevo programa en 2022. Todas las conferencias son gratuitas, solo es necesario inscribirse en la plataforma https://e.nirakara.org/. 

¿Qué aprendimos en las primeras conferencias?

“Lo que es bueno para el cuerpo es bueno para la mente y el cerebro”. Joseph Firth, académico e investigador sobre la relación entre la salud física y mental de personas con enfermedades mentales, revalidó a Hipócrates sobre cómo el ejercicio físico es un pilar de nuestra salud mental, con una evidencia científica arrasadora.

Según dijo, de toda la investigación realizada, la actividad física es la que cuenta con las pruebas más contundentes a la hora de mejorar nuestro bienestar mental, tanto en personas que no tienen ningún tipo de trastorno diagnosticado, como en las que viven procesos de recuperación de TDHA, ansiedad, depresión, bipolaridad o trastornos psicóticos. “Esto no quiere decir que el ejercicio sea mejor que los otros factores del estilo de vida, todos son muy importantes pero hasta el momento no se han investigado con tanta intensidad”.

El experto desgranó cómo hacer ejercicio físico genera cambios en el cuerpo con un impacto directo en el cerebro, beneficiosos para mantener y mejorar el bienestar psicológico y la salud mental, reduciendo a su vez la inflamación y mejorando la salud metabólica y la hipertensión. Todo ello a su vez, impacta en el cerebro en sí mismo e induce a distintos factores de crecimiento como el factor neurotrófico derivado del cerebro BDNF, (del inglés brain-derived neurotrophic factor), fundamental debido a que genera el crecimiento de nuevas neuronas a través de la actividad física. “Podemos ver cómo el ejercicio casi inmediatamente, es decir, tras una sesión eleva nuestros niveles de factor de crecimiento BDNF. Nuestros cuerpos han evolucionado para el movimiento. Es el propósito del cuerpo humano. Por eso es muy importante utilizarlo en lugar de pasarnos la vida en un sofá sin hacer nada”.

- Videoconferencia completa | Transcripción sintetizada.

¿Sabías que el dolor se aprende y se desaprende? Juan Nieto, fisioterapeuta y profesor de movimiento, hizo de sherpa en un apasionante viaje en busca del dolor que no solo apunta a los tejidos dañados sino también al cerebro. Con su guía exploramos cómo el movimiento puede generar dolor y cómo puede aliviarle, aclarando que no todo el movimiento sirve para solucionar todos los problemas músculo esqueléticos, ni que todo el movimiento y actividad física son causantes de dolor.

Para descifrar el dolor, el experto se valió de distintas definiciones para aclarar que cada experiencia dolorosa es una respuesta normal a lo que “tu cerebro cree que es una amenaza (sea real o potencial) y va a generar dolor”. Así, la cantidad de dolor experimentado no está relacionado con el daño en los tejidos. Puede haber mucho daño en los tejidos y no tener ningún dolor, o tener cero daños y tener un dolor insoportable e incapacitante. La interpretación de la experiencia dolorosa está basada en múltiples señales sensoriales así como en el contexto y la historia de cada persona.

“Hay que romper la creencia de que si me duele mucho tengo algo muy roto. No siempre es así, de hecho casi nunca, especialmente en procesos crónicos. Cuando pasa el tiempo en un dolor agudo con daño en los tejidos, es muy improbable que ese dolor siga en los tejidos. Tras dos, tres meses, que los tejidos del cuerpo se han recuperado, el dolor hay que buscarlo en otro sitio, que puede ser la médula, aspecto psicosociales, etc.”.

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¿Qué sabes de tu microbiota? ¿Y de tu pared intestinal? La doctora Silvia G. Senent, especializada en Aparato Digestivo y experta en inflamación crónica, nos puso al día sobre el poder de nuestro microbioma en nuestra salud física y mental. Las cifras son explícitas: “Si comparamos los genes de células humanas - 25.000 -, con los genes del intestino (metagenoma) - 590.384 -, tenemos muchísimos más. Podríamos decir que somos más microbiota, más bichitos, sus genes y todos los productos que liberan, que células humanas”, puntualizó la experta, con un “esto es muy interesante”. Por tanto, hablamos de cientos de billones de bacterias y otros microorganismos que habitan los intestinos con funciones clave para la salud y el bienestar, o por el contrario para la enfermedad, a través de lo que llamó disbiosis, que muy en síntesis es el desequilibrio de la microbiota intestinal que correlaciona con muchas enfermedades y no solo digestivas. Las causas de disbiosis suelen tener que ver con:

  • Alimentación, que resumió en “dime lo que comes y te diré qué bacterias tienes”. Por tanto, dependiendo de lo que comamos vamos a tener una microbiota de un tipo o de otro.
  • Medicamentos. "No quiero decir que no haya que tomar fármacos, pero a veces se abusa de determinadas medicinas que producen desequilibrio de la microbiota: antibióticos, antinflamatorios, omeprazoles… Hay que tomarlos con sensatez”, propuso.
  • Higiene excesiva. “No quiero decir que no haya que lavarse”, aclaró, “pero sí se ha visto que en países con menor tendencia a ducharse en exceso tienen un sistema inmune mucho más potente al estar sometidos a una estimulación continúa de patógenos”.
  • Estrés. Está muy referenciado cómo el estrés por el trabajo, la familia, las redes sociales… contribuyen a la disbiosis.

Paso a paso, demostró cómo el desequilibrio de la microbiota provoca enfermedades digestivas, cutáneas, neurodegenerativas, articulares y otras como obesidad, diabetes, asma, hipertensión arterial, endometriosis…, evidenciadas con cada vez más estudios más importantes. Sin olvidar, la “¡depresión y ansiedad! Quién nos iba a decir que esos bichitos podían influir en nuestros estados de ánimo. Ya Hipócrates apuntaba que las enfermedades empiezan en el intestino y no iba descaminado”, dijo.

Pero no se quedó en el lado oscuro, sino que expuso cómo tener una buena salud digestiva, con toda la profundidad que el tiempo le permitió, con claves muy prácticas para tener una microbiota sana y por tanto una buena salud. Una alimentación saludable (alejada de grasas), los prebióticos, los probióticos, los simbióticos, mindfulness y actividad física fueron los pilares que propuso.

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Odile Rodríguez de la Fuente fue la protagonista de la última conferencia del ciclo, con la rúbrica “Ecología: Estilo de vida y cambio climático”, antes de las vacaciones.

La naturalista dejó mensajes como que para contrarrestar las consecuencias del cambio climático, para “sanar la naturaleza, lo primero será sanar nuestra propia naturaleza”. ¿Lo lograremos? “No lo sé. Ni yo ni nadie”, afirmó.

Para ella los síntomas de esta enfermedad son “ese perdemos en el laberinto de la mente” (…). “Cuando el ser humano se escinde es donde empieza la enfermedad y una de esas manifestaciones por supuesto es el genocidio, la violencia exacerbada que va más allá de la agresividad (que vemos en los animales). Son sobre todo patologías que tienen que ver con perdernos en el laberinto de la mente. Cuando uno no está enraizado emocionalmente, espiritualmente con el cielo y la tierra, con lo que le rodea con la existencia, pierde el sentido de la realidad”.

Según explicó, en su caso, siempre que tiene dudas, “y tengo muchísimas, una gran fuente de inspiración es la naturaleza. Así, lo que observo que ocurre en la naturaleza trato de aplicarlo a mis dudas y grandes preguntas. Y lo que veo es que la naturaleza es más y más complejidad, más y más belleza, más y más diversidad, (en esencia) a partir de lo mismo, que simplemente es circular y que circula en el flujo de esa generosidad de dar y de darse, y de colaborar, con un equilibrio entre la colaboración y la competitividad. Pero sobre todo son esas relaciones, es esa interconexión, es esa visión sistémica de todo el sistema vivo de la tierra, que crea las condiciones idóneas para la vida a nivel planetario y a nivel de cada ecosistema. A nivel de todo, porque todo está absolutamente interconectado. Desde mi punto de vista, vivimos una sociedad distópica. Se mire como se mire, ha perdido completamente el sentido de lo prioritario, de la realidad y de lo importante”.

Así como el resto de los conferenciantes también aportó los antídotos para volver al equilibrio, en lo que ella calificó como “mis pequeñas formas de conectar y de purgas muy simples y muy cotidianas”, fórmulas que nos podrán llevar “al asombro de estar vivos, como medicina contra el cambio climático”.

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¿Te gustaría vivir 100 años de forma saludable?

Con esta pregunta, Nazareth Castellanos, directora de Investigación de Nirakara Lab, y Gustavo G. Díez, director de Nirakara Lab, presentaron en mayo este ciclo, con la intención de reflexionar no solo sobre "por qué vivir más", sino sobre todo "cómo vivir mejor", con el fin de revisar los planteamientos de nuestros estilos de vida. “Vale, quiero vivir más, pero qué puedo hacer… porque hay cosas que se escapan a nuestro control, pero en las que no, ¿qué puedo hacer? Se trata de reconocer en primera persona la importancia de cuidar los ingredientes que van a aumentar las probabilidades de estar mejor”, argumentaba Nazareth Castellanos, que con este otro dato: "la enfermedad de Alzheimer tarda en producirse unos 15 – 20 años. Cuando aparecen los primeros síntomas, el problema es cómo deshacer un nudo que lleva haciéndose 15 o 20 años", trató de hacer consciente a la audiencia: “El cuerpo es un elefante que va muy lento. La biología tiene una memoria de décadas, con un rastro inmenso”. Por ejemplo, un artículo científico nos dice que el estrés de los padres se traduce genéticamente en el niño pero hablamos del estrés que han tenido hasta siete años antes de haber sido engendrado el bebé. ¡Cuidado!, avisaba, Nazareth: “Hay que aprender a pensar a largo plazo: nuestro cerebro empieza a envejecer a partir de los 39 años”.

Por su parte, Gustavo definió su posición filosófica alejada de los mensajes paternalistas que con argumentos también muy científicos nos dicen cómo deberíamos vivir. Su planteamiento lo sintetizó en tres palabras: conocimiento, regulación y mesura. Con conocimiento se refirió a la información que nos viene de la ciencia y de uno mismo. “Cada uno sabe qué cosas de su estilo de vida le dan bienestar. Hay una componente difusa y cada persona tiene que buscarla, pero el hecho ya en sí es maravilloso porque hace que se haga más responsable y encuentre su sabiduría de vida”. Sobre la regulación incidió en su papel fundamental. “En mindfulness vemos cómo cambiando ciertos mecanismos de autorregulación y autopercepción uno sabe lo que es bueno para él”. La mesura para el investigador es ese componente donde lo bueno si es demasiado no es tan bueno, haciendo especial mención a las personas que se obsesionan con la vida sana; mientras que lo malo sino es demasiado, no es tan malo, dijo. Ambos coincidieron en que el punto medio es el camino.

- Videoconferencia completa | Transcripción sintetizada.

¡Os esperamos a partir del 15 en https://e.nirakara.org/! Mientras tanto ¡que tu estilo de vida te acompañe!

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